James Hetfield, quien solía ser uno de mis mejores amigos, tan cercano como un hermano, alguna vez dijo que yo debo haber nacido con una herradura de caballo metida en el culo. Así fue la suerte que tuve y fui lo afortunado que fui como para poder seguir respirando después de haber zafado por tan poco tantas veces. He tenido suerte. He sido bendecido. Pero el problema de tener una herradura clavada en el recto es que duele como la puta madre. Y nunca te olvidas que está ahí”.

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Metallica (c/ D.Mustaine)-Jump in the Fire

 

 

A partir de aquí todo es un viaje con la velocidad y la furia del speed metal recorriendo con detalle la desarraigada infancia de Dave Mustaine y su conflictiva y austera adolescencia entre un padre alcohólico/fracasado y una madre religiosa/frega toilettes. Más temprano que tarde se las vio por la suyas y no vaciló en convertirse en un dealer de poca monta para garantizarse el suministro de faso y comida diarios. Para cuando la música entra definitivamente en su vida El Colorado ya era un bardo hecho y derecho y de pronto se encontró en un torbellino de emociones y thrash metal llamado Metallica. Aquí Mustaine se despacha con su versión de la historia y de su mítica expulsión de la banda en medio de la primera gira, sin ahorrar detalles de ese horrible viaje de cuatro días en bus, volviendo a casa masticando rabia, resentimiento y sobras de comida porque, según él, ni la gentileza de tirarle unos mangos para unos sanguches tuvieron los muy turros.

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Megadeth-Mechanix

Desde ahí hasta el final la vida de este muchacho del rock se convierte en un tornado de almas que gira en espiral sobre Megadeth, su adicción a las drogas y el alcohol, peleas de a miles, sexo, rehabilitaciones, reconciliaciones, discos, giras, discazos, giras, mas drogas, mas sexo, ocultismo, frustración, resentimiento, gira, alcohol, fama, éxito, peleas, mas rehabilitación, mas gira, mas droga, mas y mas de todo y nada parece alcanzarle ni conformarlo. Ni el éxito internacional multiplatino, ni el dinero a raudales, ni una familia hermosa. Nuestro antihéroe se emperra en vivir a la sombra de su ex banda rumiando frustración por el éxito comercial de Metallica, perdiendo totalmente de vista el aspecto artístico. Se encarga prolijamente de arruinarlo todo con todos: compañeros, amigos, empleados, mujeres, managers, músicos, productores, la mayoría de las veces justificando su comportamiento un tanto despiadado y miserable con la típica: “¿qué iba a hacer?, era un alcohólico, drogadicto, pendenciero, egocéntrico y engreído”.

Por suerte el rey David vio la cruz, digo…la luz al final del camino, pudo disfrutar de sus logros y recapitular su vida en esta autobiografía vertiginosa, cruda, dura y machacosa, como el mejor thrash metal que el mismo ayudó forjar. Y ya que estamos: Dave, Lars es un careta, gracias a Dios que te echaron. (Mateo Crespo)